Por Lic.Adriana Penerini -Psicóloga Especialista en maternidad, paternidad y crianza
Bebés ”Llorones”

De pronto un sonido irrumpe en nuestras vidas de una manera especial.
No viene solo, no es de la casa de al lado, no se apaga con el control de la tele, ni tiene una lógica precisa.
Llega generalmente casi al mismo tiempo del hijo que nace de nuestra panza - o de la panza de nuestra mujer según quién lea la nota- y nos alegra en un principio porque confirma que todo anda bien, que el bebé y sus pulmones funcionan.

Primero es un placer

Nadie lo duda, primero es la certificación de la dicha que nos embarga, pero de a poco, se puede transformar en una pesadilla.

Con las horas y los días y luego, más allá, en la vida en general, el llanto será nuestra música de cámara, nuestro coro, nuestra pista sobre la cual intentaremos hacer una vida con cara de que nada ocurre, que no sea lo que queremos que ocurra.

El llanto se incorpora de una manera tan extraña, que llega a enmudecerse para los oídos de los destinatarios principales de esa música.
Todo el mundo tiembla alrededor, y los padres en cuestión suelen estar menos sensibles.

Nos surgen varias preguntas:
Es esta una sordera voluntaria?
Es la única forma de sobrevivir a tanto batifondo?
Es una defensa natural?
Por qué llora el bebé? Sería la pregunta por excelencia.
Qué quiere?
Qué busca?
Qué reclama?
Hay bebés que lloran más que otros?
Somos los padres más o menos capaces de decodificar ese idioma, que olvidamos cuando dejamos de “hablarlo” desde niños…

 

Todos los bebés tienen que llorar.

Es verdad todos, sin excepción.
Aunque esto tiene un lado positivo, y un lado negativo.
El positivo, es que el llanto le permite al recién nacido una vía de expresión no solo de requerimientos básicos sin la satisfacción de los cuales su vida peligra, sino también la expresión de su emotividad.

Es así que mediante el llanto, el bebé canaliza temores, aprensión, cansancio, estrés, disconformidad, aburrimiento, pide también no solo comida, abrigo, sino: UPA, cariño, abrazo, oso…

Previo al desarrollo de un lenguaje verbal el niño puede “hablar” llorando.

La parte negativa de la cuestión es que muchos papás y mamás tienen aversión al llanto, y lo relacionan siempre con sufrimiento , dolor o tristeza y además lo toman como desaprobación a su tarea, y se abruman entonces con la idea de que “algo” está fallando en el desempeño de su rol de padres.

Tal vez sea verdad que haya bebés que lloran más que otros, pero también vemos papás con menos fluidez en la resolución de los conflictos pequeños, menos facilidad para solucionar situaciones, se complican, buscan sentidos más profundos, y suelen ponerse a pensar en el llanto como un destino que les toca “sufrir” en lugar de atender, estar y habilitar para que todo siga su curso.
Muchos se enojan con los bebés o lloran con ellos, con lo cual tenemos dos o tres bebés, en lugar de unos adultos que crían a un niño.

 

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