EDICIÓN ESPECIAL Por Adriana Penerini (*)

Otra manera de vivirlo

¿Quiénes son esas mujeres que andan por ahí?
Esas que se visten "raro"con polleras tan largas y pañuelos en la cabeza o sombreros o pelucas de cabellos lacios.
¿Todos esos niños que van a su alrededor, son suyos?
Parecen estar detenidas en el tiempo, tener otro ritmo en medio de una cultura que a las claras se mueve en distinta frecuencia y con distintos hábitos.
Son madres judías, que respetan en forma ortodoxa los preceptos de la Torá.
Nos adentramos, con permiso, en la intimidad de una de sus casas.
Los invitamos a compartir esta diferente manera, de ser madres hoy.


Bettina
Podría llamarse Sarah, o Cinthya o Judith; podría vivir en la Argentina como vive, o estar en cualquier otro país del mundo, podría haber sido una mujer judía más, como las otras, sin embargo, en busca de descubrir las peculiaridades de la vida Ortodoxa Judía, nos encontramos con Bettina y con una historia de amor, una historia fuerte, intensa, emocionante.
Todo lo contrario a lo que de lejos podríamos imaginar, porque sus ropas no resultan atractivas, porque sus modos son tan cuidados, que pueden no parecer divertidos, porque su realidad, ocho hijos en su vida, podría resultarnos una amenaza contra la libertad, contra la autorrealización, contra su singularidad femenina.

Sin embargo, y con la intención de buscar testimonio fidedigno, real, personal, fui yo la primera sorprendida.
En esa casa se respiraba alegría, felicidad, vitalidad.
Y el cuidado por el cumplimiento de ciertas pautas que se notaba, flotaba en el aire, por el orden la pulcritud y la armonía que reinaba, no parecía atentar contra una buena vida, sino al contrario, propiciarla.
Es extraño descubrir, y es esto lo que quiero des-cubrirles, que hay otras maneras de pasar por este mundo, que hay muchos caminos para alcanzar estados parecidos, que hay -y qué bueno que así sea!!!- muchas formas de alcanzar la plenitud.
Bettina estaba visiblemente entusiasmada, había aceptado mi entrevista con agrado, con mucha generocidad desde el primer contacto.
Entendió claramente nuestro objetivo, en este número especial sobre madres queríamos contar y difundir, tamizado por nuestra mirada, pero sin tomar una postura cuestionadora, casi se ve en las fotos, solo mostrar, lo que es, lo que viven, lo que pasa en esos hogares especiales, donde el tiempo está regido por dos relojes, los ciclos internos de la mujer, y las obligaciones religiosas del varón, sus horarios, sus rezos, su tiempo armado desde la doctrina, para que no puedan olvidar su finitud, sus mandatos, su sentido en esta tierra.
Lo primero que hizo fue decirme "Bienvenida", y es una buena palabra, que abre en vez de cerrar , que suma en vez de restar, que acerca. Fue mágico su saludo, distendido, cálido, me ofreció algo de tomar.
Así nos sentamos en un sillón muy grande en un living espacioso, tranquilo, simple, con una mesa que para cualquiera podría resultar gigante, pero sin ostentaciones.
Me empezó a contar de ella y de Moshe, su esposo, Rabino, de su amor desde el primer día en que se vieron, su pasaje a la practica estricta de la religión, y su decisión de seguirlo.
No fue fácil, no siempre las familias y los amigos, entienden estas posturas extremas, no siempre aceptan con agrado cuando es algo tan diferente a lo conocido, lo que alguno de sus miembros va a emprender.
Ahí llegaron las nuevas ropas, el recato, la pureza, el kasher.

 
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