Texto:
Violeta Gorodischer - Ilustración: Cristian Turdera
De un tiempo a esta parte, los libros
de "autoayuda" fueron copando el mercado editorial
y las bibliotecas de un número creciente de lectores.
De pronto, temas tan amplios como sexo, amigos, autoestima,
marketing
y soledad comenzaron a ser abordados desde una misma lógica:
el uso de la segunda persona, la guía del buen consejero
y una oferta ilimitada de maneras en que pueden resolverse
los problemas. Con más o menos gracia, con diversas
dosis de emoción, más cerca o más
lejos de lo que suele llamarse el análisis "serio",
lo cierto es que este tipo de libros gana cada vez más
adeptos: cadenas como El Ateneo, Yenny o Dropo cuentan
con un ingreso mensual de 100 títulos nuevos,
que a su vez representan aproximadamente el 8 % de las
ventas. Dunken, del Nuevo Extremo, Ediciones B y V&B
editoras son algunas de las editoriales más representativas.
Albatros, por su parte, constituye un caso especial: si
bien la editorial
trabaja con libros que podrían englobarse bajo el
género
"autoayuda", se busca un enfoque pragmático
como "Cuidado
de mascotas" o "Reparaciones". El no tematizar
relaciones humanas, de hecho, es una decisión editorial: "Todo
lo que tenga que ver con relaciones, actitudes y emociones
es un tema muy serio, que no hay que sobrevolar",
explica la editora Andrea Canevaro. En esta dirección,
la psicoanalista Lidia Breslin sostiene que "estos
libros tienen éxito porque
ofrecen recetas, soluciones y consejos, cosa que no haría
un psicoanalista: en general se trata de paliativos que
a veces solo sirven para taponar y engañar al sujeto
respecto del verdadero problema". Ahora bien, hacer
oídos sordos
a la demanda del mercado tampoco es lo ideal: si la gente
recurre a la autoayuda es porque hay algo allí que
se está
ofreciendo y que surte el efecto deseado. En este sentido,
Breslin también admite que "cuando se trata
de solucionar problemas concretos y a corto plazo, estos
libros sí pueden
ser útiles, siempre y cuando sean de autores honestos
que tengan buena información, y que sirvan para
lo que son: guía a ayuda, no más".
Y si temas abordados por el género
apuntan casi siempre a la búsqueda de respuestas, la relación
entre madres e hijos no podía quedar afuera: se trata de
un vínculo tan complejo, desde todo punto de vista (social,
cultural, psicológico) que si en un punto se torna inabordable,
en otro se vuelve blanco perfecto para teorías, análisis
y opiniones varias.
EL DEBUT
Madres primerizas, por ejemplo. Receptáculos
de miedos, emociones, dudas, llantos y alegrías:
sensaciones que conviven en un mundo personal con sus horarios,
preocupaciones
y prioridades de pronto relegadas en función de
una nueva presencia. Es así como depresión,
irritabilidad y cansancio también aparecen, por
qué negarlo. Si el bebé llora, si
una no duerme, si la casa es un caos, ¿qué hacer?
Una de las respuesta que ofrece Laura Gutman en su libro Crianza plantea
que la maternidad es "un fenómeno misterioso,
un viaje a ciegas sin preparación y sin red" donde
la espiritualidad puede resultar una buena herramienta. "Cada
madre que ha dado recientemente a luz permanece durante
cierto tiempo
con los canales abiertos hacia el cosmos. Ese niño
viene del más allá trayendo noticias de nuestra
espiritualidad"
afirma Gutman en su intento por restablecer la armonía.
Ahora bien; frente al halo new
age también están
quienes aprovechan el humor como medio para afrontar el
desborde: en La aventura de ser mamá, Adriana Penerini
afirma que "para muchas mujeres - tal vez la mayoría-
tener un hijo es la culminación de un largo sueño.
Lo que comúnmente cuesta reconocer, y que hace que esos
sentimientos sean
tan difíciles de soportar, es que tener un hijo por
momentos puede ser una pesadilla". Porque lo cierto
es que luego del parto aparecen situaciones que tal vez
no sean placenteras
pero que de un modo o otro deben ser transitadas: "Una
se siente obligada -y está obligada- a calmarlos,
a consolarlos, a atenderlos. Así, nos vamos llenando
de mocos y de ira. Poco a poco nos van acorralando y una
ya no se acuerda
de lo que era tomar un café (..) sin que se le vengan
encima los kilos de hijos", bromea Penerini.
PRIMEROS PASOS
Siguiendo este camino, Silvia Do Pico
dedica un capítulo de su libro Mujer sin fin a
la etapa de la maternidad y arma una divertida "galería
de hijos" donde las categorías en la que cada madre verá
el reflejo de sus pequeños arranca una sonrisa. Actitudes
que "comparten todos los niñitos del mundo" ayudan a retratar,
entre otros, a quienes "están convencidos de que la plata
crece en los cajeros automáticos de los bancos. Su frase
favorita es "Ma , comprame algo". Cuando vencida les preguntás
"Qué querés"" contestan, como si fuera una obviedad, "No
sé, algo".
En general tanto editores como especialistas
que observan "desde afuera" coinciden de que el humor es
uno de los aspectos más rescatables. "hay que encontrar
una vuelta de tuerca para poder dar un enfoque que respete
al lector", dice Canvaro, y en esta línea, autoras como
Do Pico y Penerini aparecen como las que podrían ayudar
a enfrentar con risa el caos posterior al parto, el cansancio
que provoca la infancia o la partida de los hijos del hogar:
"El humor siempre es bueno, es salvador", resume la editora
de Albatros, al tiempo que enfatiza su rechazo a la idea
de las "fórmulas mágicas" que prometiendo cambios radicales
frustren al lector.
(...) ¿Paliativos o remedios? ¿Superficialidad
o pragmatismo? Cada quién verá. La cuestión es abrir bien
los ojos y hacer a un lado los prejuicios; en ultima instancia,
como siempre, los lectores se quedan con la última palabra.
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