Texto:
Irina Jorolinsky - Fotos: Rubén Dirigilio
Nina está en su casa. La luz entra
con fuerza desde el patio e ilumina los ambientes y su
pequeño rostro. Se oye música y a ella parece gustarle.
Duerme tranquila, mientras Verónica Di Michele y Sebastián
Bianchini, sus papás la miran con ternura. Nina nació allí,
en su casa, hace sólo dos meses. "Jamás habíamos pensado
en tener el bebé en casa. Me parece que se asocia a los
hippies o a la irresponsabilidad", se sincera la madre
, de 32 años.
"Comenzamos a pensar en la idea de a poco, después de leer
mucho e informarnos y, sobre todo, buscando una atención
diferente.
Queríamos un obstetra que respondiera a nuestras preguntas,
que nos dedicara más tiempo del que pasábamos en la sala
de espera. Visitamos a muchos médicos hasta encontrar uno
con el que nos sentimos cómodos", recuerda . "Tener un
hijo es un cambio muy grande como para no ser protagonistas",
confirma Sebastián, músico de 32 años que compuso una canción
para Nina que le canta desde que estaba en la panza.
Cada vez más mujeres o parejas
buscan un parto "más humano" y huyen a
la episiotomía como rutina,
de la cesárea innecesaria y del uso de medicamentos
para inducir las contracciones y acelerar el parto. Quieren
ser escuchadas y respetadas. Del lado de ésta búsqueda
parece estar también la media sanción obtenida
en la Cámara
de Diputados de la provincia de Buenos Aires para el proyecto
de ley que propone ampliar de tres a siete meses la licencia
por maternidad para las empleadas de la administración
pública, y les brinda cinco días, en lugar
de tres, a los papás.
También existen muchas parejas que eligen un parto diferente,
en la casa o en el agua, en sintonía con una vida aliada
a cierta filosofía de comunión con lo instintivo y la naturaleza.
Pero aunque la búsqueda del parto humanizado se expande
en la Argentina y en el mundo, aún son pocos los médicos,
que dedican el tiempo suficiente a cada mujer que transita
las cruciales etapas del embarazo y parto. El sistema de
salud de las obras sociales agrava el problema.
"Un médico cobra poco por atender un parto, entonces debe
tener muchas pacientes. Eso conspira contra el tiempo que
le puede dedicar a cada una" dice la médica Alicia Lapidus,
jefa del servicio de Obstetricia del Hospital Fernández.
"Lo ideal para un parto humanizado es que la mujer pueda
elegir y, cuando algo no va bien contar con los recursos
para solucionarlo", dice la especialista.
Liliana Ortiz es la mamá de
catalina, una beba de 20 días que despierta de noche
a sus papás.
"No quería que me hicieran una cesárea
o una episiotomía
si no era necesaria", cuenta Liliana. " Catalina
se adelantó
un mes. Eso no impidió que naciera por parto natural.
Me pusieron poquita anestesia, entonces pude sentir las
contracciones.
Las últimas me dolieron un poco, ¡pero es
tan lindo!, dice. "Apenas nació, me pusieron a la
nena encima y, como no tuve puntos, enseguida estuve bárbara.
El mismo día del parto, ya me levantaba", recuerda a pura
sonrisa esta docente que vive en Floresta y trabaja en
Moreno.
PARTURIENTAS EN APUROS
"Intentamos resignificar el escenario
de parir y nacer.
Proponemos atravesar el proceso del parto y nacimiento
en libertad, con respeto hacia la autonomía de cada pareja,
respetando los tiempos de estos procesos, con contención
y priorizando los intereses de la pareja y no los del médico".
Así se pronuncia el obstetra Carlos Burgo, quien se dedica
desde hace 25 años a asistir partos humanizados, un gran
porcentaje de ellos a domicilio.
"Lo importante es dónde se realiza. Puede ser
en una clínica,
en la casa o en un hospital, en el lugar donde la pareja
se sienta más cómoda", explica Burgo,
autor del libro Parir
con Pasión, contrapone el parto humanizado
al medicalizado, que es la variante que rige en Occidente. "
es práctica común que el parto comience naturalmente.
Se induce a través del goteo de oxitocina, de la
colocación
de prostaglandinas en la vagina y de la internación
precoz de la mujer. Lo que se busca es provocar -suministrando
artificialmente hormonas que la mujer que la mujer produce
naturalmente- una actividad uterina intensa que abrevia el
trabajo de parto. Esta actividad tan intensa es agresiva
para la mujer, entonces se recurre a la anestesia peridural
para atenuar el dolor", explica Burgo.
DAR A LUZ DE PIE
Los propulsores del parto humanizado
resaltan que muchas de estas intervenciones médicas asocian
el parto a una enfermedad (en algunos casos incluso las
parturientas entran en sillas de ruedas al sanatorio).
Otras prácticas intrusivas son el rasurado de la zona púbica,
el enema y las camillas que obligan a la mujer a parir
acostada, con las piernas subidas a estribos, una posición
a todas luces disfuncional para el acto de parir. Sin embargo
Lapidus señala que en los hospitales públicos hay menos
interferencias: "Sucede que en los hospitales los médicos
no tienen apuro porque están las 24 horas de guardia y
cobran igual, así atiendan un parto o diez. Y muchos hospitales
como el Fernández ya disponen de sillones de parto, que
permiten a la mujer estar integrada a la escena del parto".
Y dicho sea de paso, capitalizar la ley de gravedad.
Brenda Gringerg tiene 31 años y un
hijo de ocho. "Cuando nació mi hijo me sentí muy maltratada
y estoy segura que un parto no debe ser así. Desde que
llegué al sanatorio me pasó todo lo que en la página web
de la Organización Mundial de la salud recomiendan que
no hay que hacer: me hicieron un enema, me rasuraron, me
hicieron episiotomìa y me pusieron goteo con oxitocina.
Tampoco fuen una buena experiencia para mi bebé ya que
no me lo dieron enseguida y se complicó la lactancia porque
le dieron complemento", enumera esta embarazada que tiene
fecha para el nacimiento de su segundo hijo, auspiciosamente,
este Día de la Madre. "Esta vez busqué a un médico que
me inspirara confianza y tranquilidad y, sobre todo, que
me facilitara la información para poder tomar desiciones
con mi marido. Tahiel nacerá en un clima mucho más agradable",
asegura, mano en panza.
"Durante el embarazo es muy importante
tomar conciencia del propio cuerpo. No hay que dejarse
avasallar y hay que respetar el tiempo de cada una", recomienda
Ana Carolina Sierra, profesora de expresión corporal y
danzas que se especializó en esferodinamia para embarazadas,
una técnica que se realiza con pelotas flexibles.
"Durante las clases exploramos la relación madre -hijo
registrando las sensaciones del cuerpo. El trabajo corporal
con pelotas bien conducido, mejora la percepción del volumen
corporal, aumenta el registro de las estructuras óseas
y la musculatura del canal de parto - explica Sierra-.
Además, trabaja sobre el piso de la pelvis y el periné,
tan importantes en el momento del parto. Esto favorece
el desenlace normal del parto, aunque por supuesto, nunca
hay garantías". Las técnicas de esferodinamia
se practican también durante el postparto, para
ayudar a re acondicionar el cuerpo.
DE LA EXCEPCIÓN A LA
REGLA
De todos los nacimientos que se producen
en Argentina, se estima que mas del 35% se producen por
cesárea. Esta cifra alcanza casi el 50% en instituciones
privadas. "Si tenemos que recurrir a una cesárea, la hacemos.
Pero no es un procedimiento que efectuemos con frecuencia.
Para nosotros no es una práctica habitual sino una excepción",
dice Burgo.
"A veces las mujeres sienten que,
si se les realizó una cesárea, es un fracaso.
Pero hay que pensar que cuando una mujer se embaraza, es
para tener
un hijo, no un parto o una cesárea", contra
argumenta Lapidus, y agrega que, cuando es necesario realizar
una cesárea,
el médico debe informar a la pareja por qué se
hace y responder todas sus dudas.
Verónica Simondi tiene cuatro hijos
que nacieron en su casa."Elegimos, con mi pareja, el ámbito
que consideramos más apropiado para que nacieran nuestros
hijos, y estamos muy contentos de la elección. Los dos
más chicos nacieron en el campo, donde vivimos ahora, y
nos acompañó una amiga que cuidó a los mayores para que
pudieran elegir si querían presenciar el parto o no. La
experiencia de mi familia en los hospitales no es muy buena,
ya que, a raíz de un mal parto, uno de mis hermanos sufre
un retraso madurativo, por eso no dudé en elegir otra forma
de acompañar el comienzo de la vida de mis hijos", cuenta
serena, esta mujer que participa de los grupos autogestivos
de mujeres que comparten sus experiencias de parto y crianza
los jueves a las 14 en el Hospital Nuestra Señora de Luján.
NACER EN SECRETO
Pero no todos los que eligen parir
en casa son tan frontales como Simondi. Muchos no se animan
a contárselo a sus familiares por temor a los cuestionamientos.
"No contamos para no generar preocupación. Nadie en nuestra
familia podía tomarse el tiempo que nos tomamos nosotros
para investigar y saber.
Además, no estábamos empecinados con tener
a Nina en casa, queríamos intentar hacer aquí el
trabajo de parto. Como todo se dio bien, aquí se
produjo el parto. Cuando llamamos para contar que ya había
nacido en casa, todos se sorprendieron. Paro Nina estaba
muy bien y todo había pasado", dice Sebastián.
"Cuando contamos que queremos que nuestro
hijo nazca en casa, en general la gente nos dice que estamos
locos, que es muy riesgoso. Pero son muy pocos los que
realmente preguntan de qué se trata o que recaudos se toman.
Muchos opinan que es más seguro en una clínica. Eso pensaba
yo antes de mi primer parto", se sincera Brenda Grinberg,
profesora de matemáticas de Paternal.
"No estamos peleados con los avances
tecnológicos -aclara Burgo-. El riego del parto puede identificarse
durante los controles prenatales. Si hubiera una placenta
previa, un embarazo gemelar, hipertensión o diabetes -condiciones
que alteran la salud de la mamá y el bebé- no hay duda
de que el parto será en una clínica. El parto domiciliario
se planifica, en todos los casos, contemplando la posibilidad
de un eventual traslado. Cada pareja sabe a qué sanatorio
recurrir si fuera necesario.
Michel Odent, el cirujano y obstetra
francés que fue pionero en el parto acuático
en los años
`70, estuvo en Buenos Aires en septiembre invitado por
la fundación Creavida. En una conferencia, Odent
contó
como descubrieron que, en aquellas bañeras con agua
a 37ºC,
muchas parturientas se sentían tan a gusto que no
llegaban a salir y tenían allí a sus bebés.
Pero también señaló
que, según investigaciones posteriores, la inmersión
a temperatura corporal disminuye los dolores y calma los
nervios por lapso de una hora y media a dos; pasado ese
tiempo, puede disminuir la intensidad de las contracciones.
El especialista francés, que reside en Londres,
resaltó
la importancia de pensar, a largo plazo, qué clase
de nacimiento queremos para las futuras generaciones. "Es
muy importante facilitarle a la mujer espacios en los que
se sienta cómoda
para dar a luz", opinó.
Verónica Di Micheli recuerda
con emoción
el nacimiento de Nina. "la partera estuvo todo el
tiempo con nosotros, las 15 horas que llevó el trabajo
de parto. Antes del nacimiento, me preguntó si quería
tocar la cabeza de la beba y me ofreció un espejo
para que la viera. El hecho de sentir la bolsa y la cabeza
de Nina me dio muchísima
fuerza. Apenas nació me la dieron. Yo la tenía
mientras la secaban. Al minuto de haber nacido estaba tomando
la
teta. Eso fue muy fuerte, muy emotivo", relata.
"Yo no soy muy expresivo, sin embargo
cuando corté el cordón me emocioné muchísimo y no podía
dejar de llorar: Nina abrió en mi un canal de emoción desconocido",
cuenta sebastián con su hija en brazos.
Nina llora y Sebastián, su papá,
se acerca a ponerle el chupete mientras habla de la fortaleza
de su esposa y de la emoción de acompañar
el nacimiento de su hija en su casa. Verónica, la
mamá, se apura a aclarar:
"No hubiera podido hacer todo lo que hice sin mi marido
al lado". Nina ya no llora. Quizá pronto componga,
con su padre, la canción para el primer Día
de la Madre que
él entonará y ella seguirá atenta y
sonriente.
MAS INFORMACIÓN:
www.dandoaluz.com.ar
www.partohumanizado.com.ar
www.crianza.com.ar
www.fundacioncreavida.org.ar
www.relacahupan.org