Número 1
En línea directa con el bebé Por Laura Lerner Emmer - Psicóloga

El hijo por llegar convierte a la mamá en un cuerpo-casa, y nada de lo que sucede allí le es ajeno. Por eso, la mujer debe prepararse para un profundo encuentro con la nueva vida. El desarrollo intrauterino de un bebé no es más que una inmersión en climas que van desde lo energético a lo emocional: el pequeño corazón se desarrolla al ritmo de los latidos de ese cuerpo-casa.

Al explorar en los últimos años los canales de comunicación con la vida intrauterina, una de las cuestiones que me asombró fue la distancia que a veces se instala entre la madre y el hijo que está gestando. Entonces, es necesario explicarle a la mujer que el hijo está dentro del cuerpo y, en algunos casos, parece que debiera verificarlo con la imagen ecográfica. En esta distancia interviene el clima emocional que rodea al embarazo como también la historia de cada una en tanto "habitante de su cuerpo".

La libertad para atender sensaciones y emociones permite tomar conciencia de los cambios que produce la gestación. También interviene la barrera que dibuja el temor dentro del cuerpo, inmovilizando y tensionando áreas musculares y regiones enteras que de este modo nos apartan de los cambios internos. La observación y reflexión acerca de estos temas me llevó a imaginar el desarrollo intrauterino de un bebé como una instalación e inmersión en climas energético-emocionales que contienen las transformaciones biológicas y la puesta en marcha de los sistemas fisiológicos en la medida en que se desarrollan. Las primeras estructuras embrionarias conforman una material vibrátil que, a corto plazo, se organiza mediante el ritmo del pequeño corazón, que con sus latidos comanda la estructura de vida del habitante del útero y lo coordina con los ritmos internos del cuerpo materno. Este acompasamiento imprime en nuestra protohistoria, seguramente, el sentido arcaico de los ritmos que permite sincronismos con el cuerpo que nos recibe y, desde allí, con las circunstancias de la vida en la Tierra. Cuando un bebé habita el cuerpo-casa, se despliega un plan asombroso de organización embrionaria en simbiosis con el cuerpo femenino.

El embrión se instala en la continuidad del "tam-tam" del corazón materno. A partir del primer mes de gestación, el corazón embrionario en formación incorpora sus "tam-tam-tam" en los ritmos del cuerpo-casa, y el sentido del ritmo se afianza como cauce de la memoria de nuestra especie. Al acompañar a una mujer durante su gestación, mi propósito es que lo más temprano posible -luego de las primeras etapas de elaboración de la realidad del comienzo del embarazo- se disponga a un encuentro íntimo desde lo más profundo de su ser con la nueva vida que alberga en su cuerpo.

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