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Simultáneamente, si el hombre
está, propongo que esta tarea sea compartida a través del acercamiento
a estas percepciones que la mujer puede transmitirle verbalmente
en un primer momento, y luego mediante el contacto desde los sentidos,
la voz y la música en ejercicios que combinan ternura, paciencia,
contención, y generan confianza para recibir la nueva vida.
Todavía hay muchas mujeres
-y más hombres- que preguntan si las emociones de la madre afectan
de algún modo al bebé. Suelo responder que el bebé es un habitante
que se instala en el cuerpo de la mamá y lo convierte en un cuerpo-casa,
y nada de lo que suceda en la casa le es ajeno.
El bebé evoluciona inmerso
en los climas energético-emocionales y esto forma parte de su historia
inicial antes del nacimiento.
Movimientos, luces y sombras,
sonidos, voces, estados internos, y contactos a través de las fronteras
de la piel, producen miles de constantes intercambios que involucran
al bebé, activan reacciones de desplazamiento, despertares de ensueños
intrauterinos y graban caracteres durante la gestación que luego
se desplazarán atravesando ciclos vitales.
Por Laura
Lerner Emmer Psicóloga
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