Número 1
ANTES DEL TEST Por Lic. Adriana Penerini

El mundo está lleno de mujeres embarazadas. Hubo y habrá muchísimas más. Sin embargo, cuando la panza es nuestra, otra es la historia, una historia única como cada una de nosotras"

De pronto se opera paulatinamente en nuestro cuerpo una metamorfosis, no por habitual menos impresionante que la de Kafka. Antes de que nosotras mismas nos enteremos de la noticia, nos pasan un montón de cosas; sabemos -sin saber- que algo no funciona como hasta entonces.

Nos descubrimos tragando con dificultad, o con cara de asco ante determinados alimentos; nos sorprende el calor de nuestros pechos, o la sensibilidad inusual de los pezones; nos mareamos cuando nos levantamos de golpe; o nos dormimos en el colectivo... El cuerpo está trabajando a full y nos cansamos mucho; recorremos con los ojos cerrados el trayecto hasta el baño en la madrugada, nos falta el aire.

Nuestro olfato se agudiza; podemos distinguir los condimentos de un guiso que está haciendo el vecino, aborrecer el dentífrico que usábamos hace años o adivinar la marca de desodorante de una persona que se detuvo un instante a preguntarnos la hora. El cigarrillo suele dejar de interesarnos, aún cuando hemos sido acérrimas fumadoras.

Si después de percibir uno o más de estos síntomas no corremos a comprarnos el test... es porque teníamos uno en casa. Baño, recipiente, una muestra de orina y, seguramente, dos rayitas rosadas... Felicitaciones!!! Desde el preciso instante en que aquel espermatozoide entró en nuestro óvulo y lo diferenció de los otros para siempre, ya nada volverá a ser lo mismo...

¿La dulce espera?

Ahora comenzamos a entender lo que nos pasaba; él causante de tanto alboroto interior, dentro de aproximadamente ocho meses estará durmiendo a nuestro lado. Pero ocho meses son ocho meses, y van a pasar muchas cosas más...
Del desarrollo fetal y sus diferentes etapas no vamos a hablar porque abundan materiales sobre el tema, con fotos deslumbrantes e increíbles. Vamos a hablar de la mujer, de sus cambios, sus emociones contradictorias y sus cavilaciones; de sus noches durmiendo despierta, sus expectativas y sus miedos; de su espera, que no siempre resulta tan dulce...
Ya nada volverá· a ser lo mismo, dijimos, y nada más cierto que eso. Tendremos que acostumbrarnos a otros ritmos, otros pasos, otro cuerpo; a otras posiciones para dormir, para atarnos los cordones, para subir y bajar del auto o para hacer el amor. Por más flacas que seamos, vamos a redondearnos, a ensancharnos, a sentirnos más pesadas mes a mes, hasta parecernos más a un hipopótamo que a una garza.

<< Anterior Siguiente >>