Número 1
¿La dulce espera? Por Lic. Adriana Penerini

Nuestra imagen corporal interna no cambiará tan rápido, por lo que nos sorprenderá el volumen de nuestro talle y, más de una vez, querremos ponernos ropa que ya no nos cierra sin poder creerlo. Tendremos más hambre, volveremos a servirnos leches y haremos otra tanda de tostadas. A media mañana estaremos otra vez famélicas, y abriremos la heladera desconcertadas, miles de veces. Poco a poco nos transformaremoAmaremos a nuestra pareja por "llenarnos" con ese fruto que nos hace capaces de dar vida, o la odiaremos por producirnos náuseas, fatiga o hemorroides... s. A veces el espejo nos devolverá una imagen maravillosa, pero otras no sabremos quién es esa gordita que se parece a nosotras. Nunca volveremos a ser tan incoherentes (salvo que volvamos a estar embarazadas).

"No puedo, estoy embarazada"

Si nuestro temperamento nos lo permite, aprovecharemos la situación para manejar a los otros, para hacernos servir y movernos menos que nunca. Por el contrario, si siempre hemos sido activas u omnipotentes, nos desgastaremos en el intento de no aceptar ayuda y demostrarles a los otros que "estar grávida" no es estar enferma.

Entonces probablemente hagamos más cosas que nunca, pongamos cortinas, pintemos el cuarto del futuro bebé, trabajemos diez horas diarias o vayamos caminando a Luján. Hay que reconocer que ninguno de los dos extremos es necesario. Cuando se está embarazada no hace falta permanecer en reposo absoluto sin prescripción médica, ni tampoco hacer como si nada y comenzar a practicar alpinismo o anotarse en el Triatlón como un absurdo desafío personal.

El bebé está ahí y merece respeto. Animarse a vivirlo Vale la pena atravesar el embarazo, paso a paso, sin desperdiciar nada. Las emociones que irán cambiando, el cuerpo, la relación con los otros, que aunque sin conocernos nos cruzan por la calle y nos tocan la pancita... Todo es nuevo. De pronto nos sentimos cuidadas por muchas personas que están a nuestro alrededornos acompañan paso a paso, en las novedades ("Parece que tiene pitito"), en los miedos ("Hoy tuve una manchita de sangre en mi ropa..."), en la ansiedad ("Faltan dos meses y todavía no se dio vuelta..."). Para muchas mujeres, más de las que uno imagina, el período del embarazo no es agradable. Lo padecen con toda la connotación de la palabra, lo viven como una carga, sufren porque se sienten feas. Como dijo un día una mamá en un grupo de Post-Parto de los que habitualmente coordino: "Todo el tiempo pensaba que mi marido salía con otras mujeres, ¿cómo le iba a gustar yo, que me sentía gorda como una vaca?"

Esta mujer de 23 años había aumentado en el embarazo sólo 9 kilos, y estaba esperando mellizos, o sea que objetivamente era un buen peso; pero ella se veía en una escala particular que, comparándose con otras, la llevaba a desvalorizarse. Muchas mujeres se "enganchan" con los aspectos particularmente problemáticos del embarazo, como el peso, las varices, entre otros. Dejan de lado -sin querer, por supuesto- todo lo positivo que éste puede tener, como atraer nuevas miradas, vivir la expectativa de un ser que se está gestando en nosotras, etc.

Verdad es que no todas podemos sentir lo mismo, y que cada embarazo está relacionado con diversos factores que lo hacen particular y único, aún cuando se trate de distintos embarazos en la misma mujer. Llegar a buen puerto De una u otra forma, la idea es conseguir el objetivo buscado, el hijo es lo que cuenta. Muchas mujeres han dicho alguna vez "Yo ni loca haría tantas cosas para llegar a término con un embarazo", ya en el baile, ni lo dudan. Lo que se quiere es ése hijo, y no importa lo que cueste. Cuando no hay complicaciones todo es más fácil, pero nunca es del todo sencillo. Un embarazo es un momento especial donde el cuerpo y el psiquismo están sometidos a cambios constantes de todo tipo, y ésto no es poco.

Lo importante es, sea cual sea la circunstancia que rodea a la espera, ponerse unos anteojos del color que más nos guste, para mirar cada momento con optimismo, y llegar con una sonrisa al puerto donde nos encontraremos con ese nuevo gran amor: el hijo.

Texto extraido del libro "La Aventura de Ser Mamá" (Editorial Nuevo Extremo).

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