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El auto frena contra un obstáculo.
Y los cuerpos de los ocupantes del vehículo siguen moviéndose hacia
adelante a la velocidad que el auto traía hasta ese momento impulsados
por una fuerza que equivale a cuatrocientas veces el peso de cada
persona desplegada en la aceleración brusca.
Si no están atados, golpearán
contra la parte de adelante del automóvil y el parabrisas, mientras
que los ocupantes de los asientos traseros serán impulsados también
con igual fuerza hacia adelante. Golpearán a los ocupantes delanteros
y con la parte frontal del vehículo.
Eventualmente todos pueden
ser despedidos fuera del auto, aumentando seis veces las posibilidades
de morir al impactar contra el suelo. Por eso es importantísimo
que niños mayores y adultos viajen con los cinturones de seguridad
ajustados y que los niños más pequeños lo hagan sujetos a sillas
especiales que se fijan al asiento con el cinturón de seguridad
del vehículo.
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