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Cuerpitos al sol Dra. Sandra Rossi - Dermatóloga pediátrica

Imaginamos el verano como una amplia reposera y una playa enorme que nos promete placer y relax sin medida.

Sin embargo, no todo es tirarse a descansar.

Estar informados para cuidarnos de los rayos solares adecuadamente, es la verdadera llave de un verano feliz.

No es casualidad que las personas de piel oscura del planeta habiten áreas ecuatoriales y que las personas que viven en latitudes más cercanas a los polos tengan la piel blanca, casi transparente. La posibilidad de broncearse al exponerse al sol es un mecanismo de defensa de la piel mediado por una sustancia existente en ella: la melanina.

Existe una clasificación del tipo de piel de los seres humanos que va desde el Tipo 1 (blanca, muy sensible, siempre se quema y nunca se broncea) al Tipo 4 (marrón oscura o negra, insensible o mínimamente sensible, nunca se quema sino que se broncea intensamente).

¿Por qué cuidarse del sol?

El sol, sin duda, es vital para la vida humana, tanto que en la antigûedad se lo adoraba como si fuera un dios. Hoy sabemos, entre otras cosas, que aún un pequeño paseo al aire libre cotidiano permite la síntesis de la vitamina D en la piel.

En los últimos años (y cada vez más), se ha difundido que el abuso de la exposición solar puede ser nocivo para la salud.

El sol emite radiaciones llamadas ultravioletas (UV), entre estas podemos destacar las A y las B. Las UVB son las responsables del enrojecimiento y quemaduras (aún con ampollas en la piel) mientras que las radiaciones UVA son las que producen el bronceado, pero también son consideradas factores determinantes del envejecimiento prematuro de la piel así como de la producción de alteraciones inmunitarias y celulares de la misma aumentando, en algunos casos, la posibilidad de cáncer de piel a largo plazo.

El efecto de la luz solar en la piel es acumulativo. Esto significa que las consecuencias se comenzarán a ver en el futuro; es por eso que la piel debe ser cuidada desde un principio. Debemos tener en cuenta que los niños menores de seis meses tienen inmaduro su mecanismo de bronceado; razón por la cual no deben ser expuestos directamente al sol.

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