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El sol, sin duda, es vital
para la vida humana, tanto que en la antigûedad se lo adoraba como
si fuera un dios. Hoy sabemos, entre otras cosas, que aún un pequeño
paseo al aire libre cotidiano permite la síntesis de la vitamina
D en la piel.
En los últimos años (y cada
vez más), se ha difundido que el abuso de la exposición solar puede
ser nocivo para la salud.
El sol emite radiaciones llamadas
ultravioletas (UV), entre estas podemos destacar las A y las B.
Las UVB son las responsables del enrojecimiento y quemaduras (aún
con ampollas en la piel) mientras que las radiaciones UVA son las
que producen el bronceado, pero también son consideradas factores
determinantes del envejecimiento prematuro de la piel así como de
la producción de alteraciones inmunitarias y celulares de la misma
aumentando, en algunos casos, la posibilidad de cáncer de piel a
largo plazo.
El efecto de la luz solar en
la piel es acumulativo. Esto significa que las consecuencias se
comenzarán a ver en el futuro; es por eso que la piel debe ser cuidada
desde un principio. Debemos tener en cuenta que los niños menores
de seis meses tienen inmaduro su mecanismo de bronceado; razón por
la cual no deben ser expuestos directamente al sol.
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