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Necesitamos que alguién
nos explique esto: no ha dejado de querernos ni el vínculo
se ha deteriorado; es probable que ahora la relación sea
más madura, pero desde auí en más será
diferente y pasará por una inevitable transición.
También es necesario que nos preguntemos cómo andamos
por casa, que nos pasa a nosotros en el campo del afecto.
No para juzgarnos y preocuparnos,
sí para saber, para darnos cuenta.
De fugas y permanencias
¿Y mientras tanto qué ocurre con
nuestra tristeza, con nuestros temores e incertidumbres? ¿O
acaso nada cambia para el padre? Si repasamos el rito de la covaada,
podemos descubrir cuánta sabiduría encierra y sabremos
advertir qué nos dice de los hombres en el momento de la
parición, de nuestros propios síntomas físicos
y necesidad de atención y resguardo.
Lo cierto es que en nuestra imaginación,
en nuestros sueños y ensueños (incluso en nuestras
pesadillas) veíamos a un hijo. Y ahora, frente a nuestros
ojos, entre nuestros brazos, percibimos al hijo real. Digámoslo
otra vez: un desconocido.
¿Porqué no habría de serlo?
¿No lo somos acaso para él? En ambos casos ésta
es una verdad a medias. El no nos conoce pero nació de nosotros,
es carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre.
¿Qué hacemos con nuestro hijo?
En primer lugar, y de la mejor manera posible, no huirle, quedarnos
a su lado con nuestras seguridades e inseguridades, con nuestras
certezas y temores , con nuestras dudas y afirmaciones, con nuestras
ganas y con nuestro pavor. Será el único camino para
conocerlo y para que nos conozca. El único camino por el
cual un padre real se encuentra con un hijo real.
Mi hijo Iván nació un día
miércoles 1º de Diciembre a las 16.40hs. En esa época
yo trabajaba como redactor de una revista durante las tardes y en
un diario durante las mañanas. eL Jueves naturalmente, no
trabajé porque me fué concedida licencia. Esta se
extendió hasta el viernes. El Lunes en la mañana debía
regresar a la redacción; por una parte deseaba hacerlo (en
primer lugar para hablar de mi hijo y exhibir mi luminosa y vibrante
paternidad); por otro lado, con gusto me hubiera quedado en casa
disfrutando y descubriendo a esa personita que estrenaba un cuarto
en las puertas de cuyos placares yo había dibujado osos,
monos, patos y ratones para que lo saludaran. Fuí al diario,
se me hizo cuesta arriba conectarme con los textos que debía
escribir, y a medida que transcurría la mañan, lo
que restaba del día empezaba a transformarse en un desierto
interminable. Cuándo llegó el mediodía, decidí
que no iba a estar toda la jornada alejado de mi hijo recién
nacido ni de mi hogar en plena transformación.
Mientras yo trabajaba, amigos y
familiares desfilaban por mi casa para conocer al recién
llegado y felicitar a la mamá. De modo difuso empecé
a pecibir una sensación de injusticia. ¿Por qué
yo, el padre, debía estar tan lejos?. Al llegar la hora de
viajar desde la redacción del diario a la sede de la revista,
una decisión se había firmado en mí: no iría
al trabajo de la tarde, sino a mi casa. Quería estar con
mi bebé.
El Ma rtes hice lo mismo, sólo
que ahora yá no tenía broncas, ni dudas, ni culpas.
Lo sentía como un derecho. Cuando los directivos de la revista
me llamaron para averiguar que pasaba conmigo , sentí que
invadían un recinto sagrado. Luego de mi excusa -que hoy
no recuerdo cuál fué- me exigieron que fuera a trabajar
al día siguiente. Y entonces sentí que eran desalmados,
insensibles, indiferentes al milagro de la vida, etc, etc.
El Miércoles no fuí
a trabajar y el jueves me despidieron. Me arrepiento de algunas
cosas que hice como padre y de otras que no hice. M e arrepiento
y también me perdono. Pero nunca me arrepentí de aquella
actitud. No la pongo como ejemplo, no digo que ése sea necesariamente
el modo de celebrar la propia paternidad. Pero sí creo que
los padres merecemos que se nos respete y se nos otorgue el derecho
a estar con nuestros hijos.
Hay países (como Suecia
en primer lugar, Dinamarca, Noruega, España) en los cuáles
las licencias por paternidad empiezan a ser extendidas. Hay otros
(vivimos en uno de ellos) donde hablar de eso es una utopía.
Pero yo creo que cada padre, a partir de su situación personal
(hay muchos que no trabajan en relación de dependencia),
deberia encontrar la forma y el estilo de estar junto a su hijo
recién nacido el mayor tiempo posible. Seguramente hoy yo
puedo hacerlo mejor con menos pelea, que en aquel momento. Sin embargo
lo que me interesa de esta vivencia personal es rescatar esa fuerza
instintiva e intuitiva que me llevó a actuar según
mi necesidad. Un instinto paterno.
Es importante fortalecer una vez
más un concepto: con la gestación del hijo nace el
padre. La gestación empieza desde la concepción. Muchos
hombres encuentran abundantes razones -a lo largo del embarazo-
para trabajar más horas fuera de casa, para comprometerse
en nuevos proyectos profesionales que les requerirán más
atención, presencia y esfuerzo. Muchos otros viven aventuras
extra-matrimoniales en esas circunstancias (18 sobre 79, según
una investigación de los terapeutas sexuales de Master y
Johnson). Un buen porcentaje se vuelca con intensidad casi profesional
a las actividades deportivas . Los hay que aumentan sensiblemente
el consumo de alcohol, de tabaco o de psicofármacos. Los
psicólogos suelen explicar esto diciendo que es una manera
de actuar su "propio embarazo" (son todas cosas propias).
No se trata de llevar a nadie a
un pelotón de fusilamiento por estas causas. Estos hombres,
aunque parezca, no hacen lo que quieren, sino que viven el embarazo
como pueden. Quién arroje la primera piedra pueder ser acusado
de soberbio.
Si es recomendable tomar en cuenta
estos síntomas, no negarse a verlos ni a hablar con ellos
(con quién se pueda y como pueda).-
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