La Gestación del Padre Por Sergio Sinay (*)

Necesitamos que alguién nos explique esto: no ha dejado de querernos ni el vínculo se ha deteriorado; es probable que ahora la relación sea más madura, pero desde auí en más será diferente y pasará por una inevitable transición. También es necesario que nos preguntemos cómo andamos por casa, que nos pasa a nosotros en el campo del afecto.

No para juzgarnos y preocuparnos, sí para saber, para darnos cuenta.

De fugas y permanencias

¿Y mientras tanto qué ocurre con nuestra tristeza, con nuestros temores e incertidumbres? ¿O acaso nada cambia para el padre? Si repasamos el rito de la covaada, podemos descubrir cuánta sabiduría encierra y sabremos advertir qué nos dice de los hombres en el momento de la parición, de nuestros propios síntomas físicos y necesidad de atención y resguardo.

Lo cierto es que en nuestra imaginación, en nuestros sueños y ensueños (incluso en nuestras pesadillas) veíamos a un hijo. Y ahora, frente a nuestros ojos, entre nuestros brazos, percibimos al hijo real. Digámoslo otra vez: un desconocido.

¿Porqué no habría de serlo? ¿No lo somos acaso para él? En ambos casos ésta es una verdad a medias. El no nos conoce pero nació de nosotros, es carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre.

¿Qué hacemos con nuestro hijo? En primer lugar, y de la mejor manera posible, no huirle, quedarnos a su lado con nuestras seguridades e inseguridades, con nuestras certezas y temores , con nuestras dudas y afirmaciones, con nuestras ganas y con nuestro pavor. Será el único camino para conocerlo y para que nos conozca. El único camino por el cual un padre real se encuentra con un hijo real.

Mi hijo Iván nació un día miércoles 1º de Diciembre a las 16.40hs. En esa época yo trabajaba como redactor de una revista durante las tardes y en un diario durante las mañanas. eL Jueves naturalmente, no trabajé porque me fué concedida licencia. Esta se extendió hasta el viernes. El Lunes en la mañana debía regresar a la redacción; por una parte deseaba hacerlo (en primer lugar para hablar de mi hijo y exhibir mi luminosa y vibrante paternidad); por otro lado, con gusto me hubiera quedado en casa disfrutando y descubriendo a esa personita que estrenaba un cuarto en las puertas de cuyos placares yo había dibujado osos, monos, patos y ratones para que lo saludaran. Fuí al diario, se me hizo cuesta arriba conectarme con los textos que debía escribir, y a medida que transcurría la mañan, lo que restaba del día empezaba a transformarse en un desierto interminable. Cuándo llegó el mediodía, decidí que no iba a estar toda la jornada alejado de mi hijo recién nacido ni de mi hogar en plena transformación.

Mientras yo trabajaba, amigos y familiares desfilaban por mi casa para conocer al recién llegado y felicitar a la mamá. De modo difuso empecé a pecibir una sensación de injusticia. ¿Por qué yo, el padre, debía estar tan lejos?. Al llegar la hora de viajar desde la redacción del diario a la sede de la revista, una decisión se había firmado en mí: no iría al trabajo de la tarde, sino a mi casa. Quería estar con mi bebé.

El Ma rtes hice lo mismo, sólo que ahora yá no tenía broncas, ni dudas, ni culpas. Lo sentía como un derecho. Cuando los directivos de la revista me llamaron para averiguar que pasaba conmigo , sentí que invadían un recinto sagrado. Luego de mi excusa -que hoy no recuerdo cuál fué- me exigieron que fuera a trabajar al día siguiente. Y entonces sentí que eran desalmados, insensibles, indiferentes al milagro de la vida, etc, etc.

El Miércoles no fuí a trabajar y el jueves me despidieron. Me arrepiento de algunas cosas que hice como padre y de otras que no hice. M e arrepiento y también me perdono. Pero nunca me arrepentí de aquella actitud. No la pongo como ejemplo, no digo que ése sea necesariamente el modo de celebrar la propia paternidad. Pero sí creo que los padres merecemos que se nos respete y se nos otorgue el derecho a estar con nuestros hijos.

Hay países (como Suecia en primer lugar, Dinamarca, Noruega, España) en los cuáles las licencias por paternidad empiezan a ser extendidas. Hay otros (vivimos en uno de ellos) donde hablar de eso es una utopía. Pero yo creo que cada padre, a partir de su situación personal (hay muchos que no trabajan en relación de dependencia), deberia encontrar la forma y el estilo de estar junto a su hijo recién nacido el mayor tiempo posible. Seguramente hoy yo puedo hacerlo mejor con menos pelea, que en aquel momento. Sin embargo lo que me interesa de esta vivencia personal es rescatar esa fuerza instintiva e intuitiva que me llevó a actuar según mi necesidad. Un instinto paterno.

Es importante fortalecer una vez más un concepto: con la gestación del hijo nace el padre. La gestación empieza desde la concepción. Muchos hombres encuentran abundantes razones -a lo largo del embarazo- para trabajar más horas fuera de casa, para comprometerse en nuevos proyectos profesionales que les requerirán más atención, presencia y esfuerzo. Muchos otros viven aventuras extra-matrimoniales en esas circunstancias (18 sobre 79, según una investigación de los terapeutas sexuales de Master y Johnson). Un buen porcentaje se vuelca con intensidad casi profesional a las actividades deportivas . Los hay que aumentan sensiblemente el consumo de alcohol, de tabaco o de psicofármacos. Los psicólogos suelen explicar esto diciendo que es una manera de actuar su "propio embarazo" (son todas cosas propias).

No se trata de llevar a nadie a un pelotón de fusilamiento por estas causas. Estos hombres, aunque parezca, no hacen lo que quieren, sino que viven el embarazo como pueden. Quién arroje la primera piedra pueder ser acusado de soberbio.

Si es recomendable tomar en cuenta estos síntomas, no negarse a verlos ni a hablar con ellos (con quién se pueda y como pueda).-

*Sergio Sinay coordina grupos de masculinidad,
es escritor, autor de entre otros libros, Esta noche no, querida y Hombres en la Dulce espera.
Para comunicarse con él escribinos a la revista contacto@bebeabordo.com.ar,
que le reenviamos tu inquietud.