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Históricamente
el ser humano siempre ha tenido el parto en posiciones más o menos
verticales del tronco.
Una de las
posturas más utilizadas es la de cuclillas, así como la de sentada
o semisentada con los muslos flexionados sobre el abdomen.
En esas posturas
se modifica el diámetro transverso y antero posterior de la pelvis
entre 1 y 2 centímetros, ya que al estar flexionados los fémures,
actúan elevando los huesos inanimados de la pelvis.
De hecho la
maniobra más utilizada para solucionar una de las complicaciones
obstétricas
más temidas, la distocia
de hombros, se basa en la flexión máxima de los muslos de la madre
sobre su abdomen aumentando así el diámetro de la pelvis y permitiendo
la salida de los bebés que tienen dificultades por su excesivo tamaño
a nivel torácico.
No debe
olvidarse que también permite a la mujer ver el nacimiento de su
hijo, motivándola a pujar en forma más efectiva, al margen de permitir
un mayor control de la situación. Tan flagrante evidencia sobre
las ventajas de las posiciones verticales, merece por lo menos una
actitud más participativa de las embarazadas en la definición de
la forma en la que van a tener su parto. Las mujeres tienen que
saber que pueden elegir la postura que más les agrade para parir,
la que más confortable les resulte y que todo el peso de las evidencias
científicas están a favor de el uso de posiciones verticales, que
hacen más corto, seguro y placentero el momento del nacimiento.
Dr.
Carlos Psevoznik
Médico Obstetra
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