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No hace falta
hacer de todo y desde un principio.
Tampoco hace falta dejar de hacerlo todo.
Es bueno reencontrarse con una misma.
De a ratitos aunque sea. Sin grandes expectativas.
Una vez que registres la necesidad de tener un espacio propio y
exclusivo nuevamente, apostá a eso.
Tratá de armarlo, de inventarlo y de sostenerlo.
No te sientas mal por añorar viejas cosas o actividades que dejaste,
o tu trabajo, o compañeros o amigas que ya no ves.
Los varones vuelven en general a su rutina a los dos o tres días
después del nacimiento, las mujeres ven cambiada su vida cotidiana,
en un cien por ciento de los casos, casi totalmente.
Se puede reaccionar antes de que esa tristeza se apodere del ánimo,
se pude respetar algunos momentos, donde no todo esté ocupado por
la teta, los pañales, y el bebé.
La propuesta de esta breve columna es que te animes a afrontar esta
necesidad y a hacer algo, no importa bien qué, sin sentirte en falta.
Sin sentir que por tener la sola idea, estás restando calidad a
tu función materna, o a la de mujer, o a tu pareja.
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Si te preocupa
tu aspecto hacé algo con eso, visitá la peluquería o cambiá en casa
el color de tu pelo o dedicate un rato a limarte las uñas o pasá
-aunque duela- por la casa de depilación; si te preocupa tu cuerpo
cuidalo de otra forma, iniciá un grupo de gimnasia , si es especial
para mamás recientes, mejor.
Si te preocupa tu ánimo retomá tu terapia, o iniciá una, o integrá
un grupo de reflexión para mujeres que tuvieron un bebé…
Hay muchas cosas para hacer, solo hace falta animarse.
Si te sentís bien con vos misma, todos se sentirán mejor, incluso
tu bebé.
No pospongas más esa decisión.
Y como dice Serrat: "Hoy puede ser un gran día."
Lic.
Adriana Penerini
Directora editorial
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