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Hace pocos días, en
uno de esos programas de televisión que nadie ve pero que
inundan las tardes argentinas, una conocida vedette que ya pasó
la barrera de los 50 proclamaba su deseo de volver a ser mamá.
Más allá de que el deseo enunciado sea cierto o un
mero pretexto promocional, esta declaración vuelve a poner
sobre el tapete la discusión acerca de la mejor edad para
encarar la maternidad
“Fernanda,
31 años, odontóloga, embarazada
“Me preocupa un poco tener a mi primer hijo a
los 31.
Por una parte estoy contenta, porque hasta ahora lo
pasé bárbaro, pero me preocupa el paso
del tiempo, hay menos posibilidades para adelante.
Siempre tuve miedo de tener que volver a que mi familia
me cuidara, o me sostuviera económicamente. Tenía
la sensación de que si no echaba raíces
fuertes como adulta, iba a terminar yendo para atrás
en lugar de para adelante? Por otra parte no quería
abandonar mi carrera y sentir que no había podido
avanzar por culpa de otro.
Entonces me puse a probar :quise saber hasta dónde
podía llegar..
Ahora me resulta más sencillo decidir qué
dejar.”* |
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Nuestras abuelas –nacidas
bajo el signo del machismo universal- poco
podían plantearse esta cuestión. Por lo general, los
20 años las encontraban casadas y con más de un bebé
a cuestas. La aparición y popularización de la píldora
en los años 60 colocó a la mujer en posición
de elegir. Pero si bien podía controlar la natalidad, la
sociedad no la miraba con buenos ojos si ya casada o “en edad
de merecer” se dedicaba a otra cosa que no fuera la formación
de una familia.
Las mujeres jóvenes de hoy nos enfrentamos a una disyuntiva
real (o sea, de real aplicación): ¿Cuál es
el mejor momento para convertirnos en madres?
Según un estudio publicado por el British Medical Journal
(una de las más prestigiosas revistas médico-científicas)
“las posibilidades que una mujer tiene de quedar embarazada
y, posteriormente, llevar a buen término dicho embarazo,
declinan considerablemente a partir de los 35 años, en forma
independiente de su historial reproductivo”. El estudio citado
lista una serie de inconvenientes que suelen aparecer con mayor
asiduidad una vez pasada la barrera de los 40 (abortos espontáneos,
malformaciones, embarazos extrauterinos, etc.). De hecho, en cualquier
libro de obstetricia, una mujer que espera su primer hijo después
de los 30 años recibe la calificación de “primípara
añosa” (¡!!) porque, si bien la ciencia ha avanzado
muchísimo (y permite extender unos años las posibilidades
de concepción), los límites biológicos no se
han desplazado.
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