Temas a resolver
Los grandes temas a resolver ante tal trance pueden, a mi juicio,
remitirse a dos:
a) La organización futura de la vida de los hijos, lo que incluye
decidir acerca de dónde y cómo vivirán, cómo
compartirán sus espacios y sus tiempos, y cómo serán
sostenidos económicamente.
b) La administración y liquidación del patrimonio conyugal.
Cuando hablo de los hijos, en este caso, no
menciono dos o tres palabras claves que dan lugar a mucha tela para
cortar: los "alimentos", la "tenencia",
y el "régimen de visitas". Y esto es deliberado.
Es que el uso indiscriminado de esos vocablos
puede ser la génesis de conflictos: quién ejerce la
"tenencia", es acreedor -en nombre de los hijos- del dinero
que significa la cuota alimentaria.
Quién goza de un régimen de visitas, puede sentir
-muchas veces con razón- que está excluído
de la crianza de sus hijos.
Prefiero plantear el conflicto, si acaso
cabe el término, de un modo tal que ambos padres, con responsabilidad
y ayuda profesional idónea si es necesario, resuelvan los
nuevos aspectos organizaciones de la familia desde una perspectiva
más equitativa, más realista y, en definitiva, más
sana.
Despojarse de esas palabras que entrecomillé y resalté,
más arriba, todas impregnadas de una fuerte connotación
confrontativa, puede resultar muy útil.
Ponerse de acuerdo
Comúnmente se cree que los abogados y la Justicia
pondrán orden donde no lo hay. Y esto no siempre se verifica
en la realidad, puesto que el divorcio o la separación de
quienes convivieron es, primero, un conflicto afectivo/emocional,
y luego, o como consecuencia de, un conflicto legal.
Sin abordar seriamente el primero, es fácil avizorar el fracaso
de lo segundo.
En todo caso, una vez que ambos padres resuelven los lineamientos
e ideas básicas de un futuro pacto, los abogados podrán
valerse de rótulos jurídicos. Pero no antes.
Pasos legales a dar
sin apuro
Los pasos legales relacionados con el divorcio son relativamente
sencillos si antes se cumplieron los pasos que aquí propongo.
Pero cuando se invierten los términos, y se despliega una
gran actividad legal y contenciosa de entrada, casi a modo de catarsis,
el riesgo de la escalada sin límite y la gran destrucción
que ello conlleva, es difícil de aventurar.
La buena relación entre divorciados -máxime cuando
hay hijos de la pareja y el vínculo parental subsiste- dependerá
en gran medida de ello.
No apresurarse, en este proceso, resulta indispensable.
De allí que es posible, con el debido asesoramiento, pergeñar
soluciones transitorias -debidamente instrumentadas- como lo es
el cese de la convivencia, sin que ello implique la iniciación
del divorcio legal.
También provisoriamente pueden pactarse aspectos que atañen
a la organización de la vida de los hijos, el contacto que
ellos tendrán con ambos progenitores, y el modo de sostenerlos
materialmente de acuerdo a las posibilidades de cada padre. Los
acuerdos provisorios pueden servir para pacificar, poner paños
fríos y distancia en la relación, y darse tiempo para
pensar.
Si finalmente se concluye en que se debe formalizar
legalmente una decisión que ya ha madurado emocionalmente,
es necesario no guiarse por consejeros todo terreno, o por aquellos
que han tenido malas experiencias, o por ansias vindicativas.
El verdadero desafío no es competir acerca de quién
gana más juicios, o quién consigue la cuota alimentaria
más alta, o quién se queda con más bienes.
El verdadero desafío es, lisa y llanamente, no arruinarse
la vida -de padres e hijos- en largos y costosos litigios que, zanjarán
el diferendo, pero no darán paz a los contendientes.
Seguir dialogando
La preservación del diálogo entre padres, es el
reaseguro de la salud psicofísica de los hijos. Para
ello, los acuerdos que los involucren deben contener pautas
precisas, y no meras generalidades, en lo relativo al cronograma
de convivencia con cada uno de sus padres, y en los aspectos
vinculados al mantenimiento económico.
Es aconsejable redactar con minuciosidad tales pactos, previendo
aquello que puede dar lugar a discusiones, y no dejar librado
al azar, o cláusulas abiertas que no aportan solución
si se presenta el conflicto.
Conclusión
Ya solo comenzar a pensar en divorciarse, es doloroso.
De decidir transitar ese camino, hay maneras menos dificultosas
para hacerlo.
Primero darse una buena chance entre ambos, tregua, terapia
de pareja o tiempo en sí.
Si aún con esos recursos, no fuera posible continuar
la relación, lo ideal es tener un buen asesoramiento
legal que acompañe esta transición adecuadamente.
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Aspectos
emocionales de la ruptura
Lic.
Adriana Penerini
Psicóloga
Especialista en Maternidad. Paternidad y Crianza. |
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Desde que el bebé
nace la pareja, hasta ese momento de dos, se transforma en
otra cosa.
Una pareja, más uno dos o más bebés,
es definitivamente una familia.
Las normas, reglas, acuerdos y decisiones que la gobiernan,
son otros que los que la pareja tenía en sus inicios.
Cuando se está con alguien y punto, además alguien
que nos gusta, nos divierte, nos atrae sexualmente y nos promete
una vida mejor que la que teníamos
tomar en 5
minutos un bolso y salir sin rumbo para recorrer el Sur, es
una cosa posible y fácil de lograr sin grandes previsones.
Tarjeta de crédito, unas buenas zapatillas y algo de
efectivo, un auto, o a hasta un micro de línea pueden
llegar a dar igual
Cuando se tiene un bebé o más , bajar a abrirle
la puerta al Correo que trae algo que es necesario firmar,
puede ser motivo para una discusión, de quién
va y quién no va ,y el inicio del final de una relación.
¿?
NO parece de locos?
Las cosas se complican, y en general bastante más de
lo que nuestros amigos nos confiesan ,o de lo que de chicos
nos pareció vivir en casa.
Parece que nuestros padres se arreglaban para cortar el pasto,
prender el fuego, y además recibir visitas ,mientras
nos tenían bañados y cambiados sin costo alguno
-nos parece- y nosotros no podemos ni llamar a la rotisería,
porque ya necesitaríamos contratar a alguien para que
disque los deliverys!!!
No necesito decirles que esto es bastante diferente a lo que
habíamos soñado.
Udes., Lo confieses o no, saben de qué les estoy hablando.
Todo se hace más tedioso, con más esfuerzo,
nos quedan menos energía y los niñitos DAN MUCHO
TRABAJO!!!
Qué lugar le queda a la pareja?
Qué pareja? Me dirán algunos por ahí
Ya a esa altura se dificulta recortar la pareja del resto
de maremagnun de pañales , y nebulizadores que hacen
ruido de avión
Separarse puede parecer una solución, es más
puede serlo, pero no siempre es LA SOLUCION, ya que muchas
veces lo que se ve es que se termina cambiando un problema
por otros.
LO IDEAL, y esto no es en contra de los abogados pero sí
en favor de la familia
es:
* intentar no llegar a ese desborde.
*Evitar la incomunicación que suele darse.
*"Robarles" a los chicos tiempo para la pareja.
*Darse espacios para charlar de algo que no sea cuentas pendientes
o diagnósticos pediátricos.
*Recuparar el cuarto y las velas y los sahumerios y las ganas
*Animarse a "desmamizarse "y a "despapizarse"
todas las veces que les sea posible.
Porque paradógicamente, los hijos hacen de todo para
separaranos: lloran sin motivo, se pasan a nuestra cama, se
enferman JUSTO cuando íbamos a ir al cine- pero
ningún chico quiere padres que de verdad se separan.
Y el que diga que sí prefiere se está sobnreadaptando
para soportarlo.
Para un hijo, no importa la edad que tenga que los padres
se peparen es MUY doloroso.
Puede "entenderlo" pero eso no indica que le sea
fácil de asimilar y que no haya sufrimiento.
La familia, peleas y discusiones de por medio - salvo quellas
donde y ya hay agresiones que llegan a lo físico, o
que generan violencia verbal intensa- sigue siendo un espacio
saludable.
Y si hay amor, vale la pena el esfuerzo de al menos hacer
memoria de quién es el otro ,y por qué lo elegí
para mi vida, que lo más probable es que cambiemos
de pareja, y OTRA VEZ se empiece a armar el mismo lío,
si no somos capaces de revisar nosotros también qué
nos pasa.
Si no funciona verán, pero hay Terapias, y profesionales,
y vacaciones, y ratos a solas, y miradas que pueden ayudar.
No se priven del intento.
Si funciona, odos lo terminarán agradeciendo alguna
vez.
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