|
| |
Me habló del
matrimonio y la vida en Israel por once años, de los estudios
del marido, de su abocarse de pleno a la maternidad sus cinco primeros
hijos allá, el esfuerzo por integrarse, tan jóvenes
y solos de parientes, y el regreso al país donde serían
padres de los otros tres.
Elisheva, Eliahu, Uziel, Iejiel, Smadar, Hilá, Hadás
y David aparecieron pero ya estaban, en el corazón de Bettina
estuvieron siempre, eran parte del sueño que ella describió como:
"Toda la vida quise una casa con ocho hijos y olor a torta de chocolate".
-Qué funda toda esta práctica?-le pregunté.
-La idea es cumplir la Torá.
-Hay una sola manera de cumplirla?
-La verdad es una -me dijo sin dudarlo.
-Pero no puede haber diferentes maneras de interpretarla? Me animé a
interrogar otra vez sobre el mismo punto.
-Puede haber, pero sigue siendo una.
Tanta certeza puede resultar abrumadora, pero en un mundo de tantas
incoherencias, de tantos vaivenes emocionales, de tanta desolación
hasta
-al menos por un instante- puede resultar envidiable.
|
 |
Cómo sabía Bettina
con tanta seguridad pensé-
que era tan cierto todo aquello en lo que creía.
Todo aquello que estaba allí, como si los secretos de la vida
pudieran estar reunidos de una vez y para siempre en unas escrituras.
Cualquiera dudaría
Pero inmediatamente pensaba, cómo podemos los otros saber
que no, que Bettina no está en lo cierto, con qué argumentos
enfrentar su sabiduría, con qué sentido; los que buscamos
de otros modos, los que no creen en nada, los que respetan a medias,
los que se revelan a la más mínima restricción,
cómo saber que todo esto no puede ser una buena manera de
vivir, una buena manera de fundar una familia y de favorecer su desarrollo.
|
Por
lo tanto, ante la dificultad de responder, y ante tal vez la
innecesariedad de responder, me dediqué a escuchar, a
mirar, a conocer ante la amabilidad de cada uno de sus integrantes,
a una familia que si bien era diferente a la mayoría de
las que conozco, era igual esencialmente, a la mayoría
de las que conozco.
Ella como mamá quería
lo mismo que yo, que otras mujeres que puedan llamarse María,
Florencia, Pilar, Rosario o de otras formas, la felicidad de sus
hijos, el cuidado de su salud, su bienestar, su formación,
la transmisión de una escala de valores que sea de verdad
valiosa en fin esencialmente iguales, pese a las obvias diferencias.
Bettina me atendió con un pañuelo que casi no permitìa
asomar el pelo, una pollera muy larga, botas -aunque hacía
calor- una remera sobre otras remeras que no le dejaba ver los brazos
del codo hacia arriba, y una sonrisa que no le abandonó nunca
su cara, y una paz que sería difícil de encontrar en
cualquier otra mujer con ocho chicos por bañar, una fiesta
por iniciar, gente por venir.
Era justo un rato antes del inicio de Shabat, y comienzo de la
fiesta de Zucot, esto implicaba un ritmo acelerado, mi visita se
había
sumado a esas rutinas que no podían esperar, había
que dejar todo limpio, ya que por unos días no se podría
lavar, había que terminar con los últimos llamados,
dado que el teléfono no iba a ser atendido hasta el domingo
por la noche, había que darles a todos los chicos la ropa
correcta para el participar de las ceremonias.
Una señora ayudaba en algunos quehaceres, pero la mamá era
la que asiganaba las tareas, los chicos , también con alegría
-una alegría poco común en otros niños- acataban,
iban y volvían bañados y con sus trajecitos, poniéndose
sus zapatos, o preguntando qué botas voy a usar, o mostrándome
las nenas, con timidez -pero no sin coquetería- sus hermosos
peinados.
Había olor a fiesta, rumores, ajetreo calmo, luego vería
en otro rincón de la casa todo preparado en la Suca -como
si fuera para un cumpleaños con guirnaldas de colores - para
iniciar la festividad; el papá Moshe, también andaba
por ahí recién vestido, buscando su sombrero, antes
de la foto que accedió a tomarse, preparando con los otros
varones una especie de juncos y unas velas, que luego sabría,
jugarían un papel importante en los rituales que iban a
realizar.
Nadie parecía aburrido, ni hacían nada con tedio, el
entusiasmo se huele y se contagia como la adrenalina, ahí había
entusiasmo, raro de pensar, sin tele, sin computadoras sin conecciones
a Internet.
Imaginé que nadie podría creerme si les contaba
esto en el siglo XXI, tan dependientes como estamos de maravillosos
medios, que se transformaron en tristes fines.
Ese entusiasmo que no viene de afuera, de dónde viene? |
| |
Ser judía ortodoxa
Ser judía, al decir de Bettina, fue siempre algo importante para ella,
siempre fue motivo de orgullo.
Yo le pregunté:
-Ser judía, era para vos no ser otra cosa, una condición que se
definía por oposición?
-Ser judía es ser judía, me respondió, no es opuesto a nada,
es lo que soy.
-Y qué implica como responsabilidad en esta práctica tan estricta?
-El hombre es la cabeza de la casa y la mujer no es por eso menos que él,
simplemente entre ambos conducen la familia, aunque es la mujer la que dice hacia
dónde se va, la que organiza, la que marca el camino.
La mujer es como el cuello que articula esa cabeza con el cuerpo.
Los dos son importantes.
Eso se percibía no había lo uno sin lo otro, y ahí volvía
a aprecer esta sensación de amor incondicional, de historia juntos.
Ser una mamá judía ortodoxa en realidad suma el trabajo cotidiano
y directo con los hijos a sus obligaciones con los preceptos y con su esposo,
es un poco de más empeño, ocuparse de la crianza y a la vez de
mantener el fuego del hogar en base al respeto de las tradiciones, algunas pequeñas
y diarias, otras más complejas y que involucran a la vida misma.
Betina me prestó un libro* y en ese libro explica claramente siempre sin
escribir entera la palabra DIOS, también como otra señal de respeto:
"Dios creó al hombre y a la mujer con características
diferentes,.La Torá subraya la importancia de mantener estas
diferencias a través de leyes que se aplican en forma distinta
para el hombre y la mujer.
Por ejemplo, le es prohibido al hombre vestir ropa de mujer o tomar cualquier
actitud femenina y viceversa.
En general el judaísmo enfatiza mantener las diferencias en lugar de
reducirlas.
Cada creación contiene un mensaje espiritual que enseñar.
Y esta no puede transmitir este mensaje cuando sus características son
socavadas o anuladas". |
|
| |
|
|
|