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Otra manera de vivirlo
¿Quiénes son esas mujeres que andan por ahí?
Esas que se visten "raro"con polleras tan
largas y pañuelos en la cabeza o sombreros o pelucas
de cabellos lacios.
¿Todos esos niños que van a su alrededor, son
suyos?
Parecen estar detenidas en el tiempo, tener otro ritmo en
medio de una cultura que a las claras se mueve en distinta
frecuencia y con distintos hábitos.
Son madres judías, que respetan en forma ortodoxa
los preceptos de la Torá.
Nos adentramos, con permiso, en la intimidad de una de sus
casas.
Los invitamos a compartir esta diferente manera, de ser madres
hoy.
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Bettina
Podría llamarse Sarah, o Cinthya o Judith; podría
vivir en la Argentina como vive, o estar en cualquier otro país
del mundo, podría haber sido una mujer judía más,
como las otras, sin embargo, en busca de descubrir las peculiaridades
de la vida Ortodoxa Judía, nos encontramos con Bettina y con
una historia de amor, una historia fuerte, intensa, emocionante.
Todo lo contrario a lo que de lejos podríamos imaginar, porque
sus ropas no resultan atractivas, porque sus modos son tan cuidados,
que pueden no parecer divertidos, porque su realidad, ocho hijos
en su vida, podría resultarnos una amenaza contra la libertad,
contra la autorrealización, contra su singularidad femenina.
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Sin embargo, y con la intención
de buscar testimonio fidedigno, real, personal, fui yo la primera
sorprendida.
En esa casa se respiraba alegría, felicidad, vitalidad.
Y el cuidado por el cumplimiento de ciertas pautas que se notaba, flotaba en
el aire, por el orden la pulcritud y la armonía que reinaba, no parecía
atentar contra una buena vida, sino al contrario, propiciarla.
Es extraño descubrir, y es esto lo que quiero des-cubrirles, que hay otras
maneras de pasar por este mundo, que hay muchos caminos para alcanzar estados
parecidos, que hay -y qué bueno que así sea!!!- muchas formas de
alcanzar la plenitud.
Bettina estaba visiblemente entusiasmada, había aceptado mi entrevista
con agrado, con mucha generocidad desde el primer contacto.
Entendió claramente nuestro objetivo, en este número especial sobre
madres queríamos contar y difundir, tamizado por nuestra mirada, pero
sin tomar una postura cuestionadora, casi se ve en las fotos, solo mostrar, lo
que es, lo que viven, lo que pasa en esos hogares especiales, donde el tiempo
está regido por dos relojes, los ciclos internos de la mujer, y las obligaciones
religiosas del varón, sus horarios, sus rezos, su tiempo armado desde
la doctrina, para que no puedan olvidar su finitud, sus mandatos, su sentido
en esta tierra. |
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Lo primero que hizo fue decirme "Bienvenida",
y es una buena palabra, que abre en vez de cerrar , que suma en
vez de restar,
que acerca. Fue mágico su saludo, distendido, cálido, me ofreció algo
de tomar.
Así nos sentamos en un sillón muy grande en un living
espacioso, tranquilo, simple, con una mesa que para cualquiera podría
resultar gigante, pero sin ostentaciones.
Me empezó a contar de ella y de Moshe, su esposo, Rabino,
de su amor desde el primer día en que se vieron, su pasaje
a la practica estricta de la religión, y su decisión
de seguirlo.
No fue fácil, no siempre las familias y los amigos, entienden
estas posturas extremas, no siempre aceptan con agrado cuando es
algo tan diferente a lo conocido, lo que alguno de sus miembros va
a emprender.
Ahí llegaron las nuevas ropas, el recato, la pureza,
el kasher.
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