EDICIÓN ESPECIAL Por Sergio Sinay(*)

 

Padre y madre son roles, se trata de los personajes en el teatro de la vida. Maternidad y paternidad son funciones. Aquello que los personajes hacen, aquello que define a su rol. Se puede ocupar un rol sin cumplir la función inherente a él, sin darle significado. Y se puede cumplir una función sin ocupar el rol. Es muy importante tener esto en cuenta frente a las nuevas formas de organización familiar (o desorganización del modelo tradicional).

Mirado el cuadro desde esta perspectiva, se abren los horizontes. Las madres ya no estarían atadas a su condición biológica. Elke Herms-Bohnhoff, consultora familiar alemana que abogó por una concepción más libre y más creativa de la maternidad en Hotel Mamá (un profundo estudio sobre lo beneficioso que resulta para las madres que los hijos, en determinado momento de su evolución, dejen el hogar materno), advierte que “una madre no es una empresa de servicios”. Esto significaría, precisamente, que la biología no ata a la mujer a un rol.
Que quien desempeñe funciones maternales lo haga con el propósito de dar lo mejor de sí, en beneficio del desarrollo de otro ser, y sin empobrecerse en el intento, significa, no ser para el otro, sino ser con el otro, en una relación de mutua libertad. En cualquier vínculo, esto podría entenderse como la más afinada definición del amor.

Que, en definitiva, es de lo que se habla en el
Día de la Madre.




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(*)Escritor, eespecialista en vínculos humanos, autor de Vivir de a dos y
Ser padre es cosa de hombres. En noviembre aparecerá su nuevo libro, La masculinidad tóxica.

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