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Tan simple como eso.
La panza nueva o el bebé creciendo día a día
pueden invitarnos a muchas cosas.
Cuando el cuerpo se abre y la mujer se deja atravesar por
esa briza distinta que la llena de luz, y su vientre se agranda...
Todo cambia en ella para siempre...hasta su rostro.
Un día siente que un terremoto enorme se desata en
el centro de su cuerpo y que su territorio va a dar paso
a un nuevo territorio...
Duele.
Algunas dicen que mucho, otras dicen que un poco.
Lo que es seguro es que de la mano pequeña y fría,
apretado entre sus dedos apretados, el bebé trae un
olor especial... que no se puede definir con palabras.
Un olor que viene de otro lugar.
De otro planeta, el interior de la mujer.
El hijo le devuelve a su madre el olor que la define y que
le pertenece.
Dura un instante, pero no cabe duda allí un clico
natural se completa, y un círculo se cierra para
que se abran otros.
La mujer casi hipnotizada por ese aroma intenta atraparlo...
pero se le escapa.
Dicen que cantando y bailando con su hijo, al menos un
ratito cada día, algo de ese perfume personal y único,
le recuerda quién es y para dónde va.
No hace falta cantar "bien", ni bailar como las
bailarinas con polleritas de toul.
Solo hace falta hacerlo.
Simplemente.
La música?
Puede ser cualquiera, hasta un ritmo que inventemos,
mientras nuestros piés se chocan con el piso.
Les compartimos
la canción que en este mes estuvimos aprendiendo
en Música para mamá y bebé en Bebé a Bordo.
La ovejita blanca
La ovejita blanca
tiene mucho frío...
porque sopla el viento
y no encuentra abrigo.
Pero a la mañana
cuando salga el sol...
sus rayitos tibios
le darán calor. |
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*Adriana Penerini
Coordina, junto a Graciela Mendoza -cantante-
la actividad de Juegos
Musicales para mamá y bebé en Bebé a Bordo,
todos los jueves de 17 a 18.
Si te gustaría que te invitemos
a cantar y bailar con nosotros inscribite ya!
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